El mono montaba la montaña,

el frío helaba los huesos,

la rana cantaba a la rama.

Moño que ladra no muerde,

las lenguas no alcanzan para describir

el dinosaurio que corrió y murió.

Bailan las dos prostitutas la danza macabra,

un sonido lejano, solitario, que no hace ruido.

El calor derritió sus alas de cera.

Cada noche hay una luna distinta,

la caída perpetua sin sonidos.

El león despeinó su melena.

J.J.P.H, Héctor M Cárdenas, Diana Torres.

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