¿Ves las pinturas grabadas con palabras?
¿Esas pinturas invisibles, de un pasado lejano,
Formadas por cadenas sin final?
Me llaman.

Ahí dónde el espejo responde y el agua habla,
Ahí dónde los animales piensan y las brujas bailan,
Ahí dónde la oscuridad brilla mientras el lobo aúlla,
Me llaman.

El porqué nunca es claro, pero por eso mismo, lo es.
Son tinieblas ancestrales, poderosas como el sol.
Caleidoscopio infinito, eternamente reordenando
Patrones misteriosos de secretos conocidos.
Me ciegan.

Escucharlos es una bendición maldita,
Pues casi nadie puede hacerlo.
Cuando llaman, sus cantos me apelan solo.
Soledad paradójica, pues aunque otros
Ignoren el oro en sus reflejos,
Ellos siempre están ahí cuando los necesito.
Listos para hablar de astucia, amor y valentía.

Nada exigen. Son amigos fieles.
Tan ligeros como las voces que los han portado
Todos estos años.
Me ciegan.

Nos recuerdan que
Por más perdidos en el bosque,
Por más monstruoso que el mundo sea,
Por más que hogares caigan destruídos…

Se puede empujar la bruja al horno.
Se puede tornar una bestia en hombre.
Se puede construir una casa de ladrillos.

Toda maldición puede romperse.

– Adrian Ollé-Laprune.

 

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