No hubo momento,

desde el más recóndito principio de las especies,

en que, terrible como el canto de sirena,

destierro y consuelo,

el grito se haya desnudado en su naturaleza

como la eclosión que de su garganta fue eyectada.

.

Grito, horror, olvido.

Mi nombre se ulcera, y deforme,

se ahoga en su cantidad silábica;

cocovado, se extingue del recuerdo

por la variedad inconmesurable de signos

y acentos que nuestra lengua no digiere.

.

Mi sola figura, hombre elefante,

plaga que nunca pupó,

no está descrita en los cánones de su mirada,

mi pudenda raza jamás de las cloacas se levantó.

¡Oh horror! Pues ¿quién, ante su tosca presencia,

no aplastaría sus sienes en busca

de la más endeble señal de belleza?

No Señora, no hay diente, cabello o pupila

paridos por mi penitencia,

que no empatice mi naturaleza.

Héctor M. Cárdenas.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s