Oda al “Érase una vez…”

¿Ves las pinturas grabadas con palabras?
¿Esas pinturas invisibles, de un pasado lejano,
Formadas por cadenas sin final?
Me llaman.

Ahí dónde el espejo responde y el agua habla,
Ahí dónde los animales piensan y las brujas bailan,
Ahí dónde la oscuridad brilla mientras el lobo aúlla,
Me llaman.

El porqué nunca es claro, pero por eso mismo, lo es.
Son tinieblas ancestrales, poderosas como el sol.
Caleidoscopio infinito, eternamente reordenando
Patrones misteriosos de secretos conocidos.
Me ciegan.

Escucharlos es una bendición maldita,
Pues casi nadie puede hacerlo.
Cuando llaman, sus cantos me apelan solo.
Soledad paradójica, pues aunque otros
Ignoren el oro en sus reflejos,
Ellos siempre están ahí cuando los necesito.
Listos para hablar de astucia, amor y valentía.

Nada exigen. Son amigos fieles.
Tan ligeros como las voces que los han portado
Todos estos años.
Me ciegan.

Nos recuerdan que
Por más perdidos en el bosque,
Por más monstruoso que el mundo sea,
Por más que hogares caigan destruídos…

Se puede empujar la bruja al horno.
Se puede tornar una bestia en hombre.
Se puede construir una casa de ladrillos.

Toda maldición puede romperse.

– Adrian Ollé-Laprune.

 

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Desafortunado 

Siempre huyendo, siempre huyendo.

El mundo es una gran tormenta con el ojo siempre encima. 

Pocos escuchan realmente. Pocos ven lo que nosotros vemos. 

El agua se oscurece de cenizas calcinadas, negras cuán carbón. 

Siempre huyendo…

Las respuestas se desvanecen, el fuego las devora. 

Gente amada, gente odiada, van y vienen.

Amigos de carne y hueso. Amigos de papel y tinta. 

Amigos desconocidos. 

Siempre huyendo…

Amarrar el pelo, limpiar los lentes, morderse el labio. 

Fuego inagotable, con el ojo siempre abierto. 

Siempre huyendo.

El blanco y el negro se vuelven gris, 

Viejos amores jamás regresarán. 

Siempre huyendo. 

Pues es todo lo que queda.

Traición. 

Siempre huyendo. 

Incendio. 

Siempre huyendo. 

Asesinato. 

Siempre huyendo…

Pero siempre, siempre leyendo, amando, aprendiendo y buscando.
– Adrian Ollé Laprune

Cabalgata Diabólica 

La luna sangraba cuando los árboles gritaronY la noche me resguardaba cuando mis pulmones rugieron.

Estaba en búsqueda de un camino sobre el cual caminar

Para poder conducirme a través de este denso bosque.

Pero el rojo en mis ojos despertó en mí

Un deseo de matanza y una sed de correr

Mis venas bombearon, mis músculos estallaron…

Sentí la tormenta vibrar en mi carne.

Fue como una fuerza divina

Que me mandó una cabalgata diabólica.

Un placer infernal, un aullido de luna llena

Un deseo de correr, una sed de destruir.

Devorar para esculpir el mundo a mi gusto

Hacerlos inclinarse ante la fuerza de mis sentidos.

Y pronto nadaba en un mar de sangre,

El precio de mi odio y la alegría de mi ira.

Brilló en el destello de las tinieblas

El festín ardiente de mis sueños.

Tallar en los árboles mi propio camino

Someter la muerte y el miedo al hilo de mis decisiones

Para hacerles pagar lo que comencé.

No más piedad, no más debilidades

Mi alma se arrastraba entre árboles.

Estaba conducido por una fuerza divina

A través de una cabalgata diabólica.

Condenado a vivir de sufrimientos,

Condenado a fundir mi piel bajo mi pelaje.

Adrian Ollé-Laprune.